
Gran parte del éxito de nuestra especie se debe a la conquista de la bipedestación. Caminar erguido nos dio una visión de "altura", útil tanto para prevenir con la suficiente antelación los posibles peligros como para ser más eficaces en la depredación. Sin embargo, la postura erguida hace que el corazón deba realizar un esfuerzo extraordinario para regar las zonas superiores del cuerpo y para el retorno de la sangre de las extremidades inferiores. Por eso, resulta frecuente que, cuando se permanece de pie e inmóvil durante mucho tiempo, se corra el riesgo de sufrir un desvanecimiento por falta de riego sanguíneo al cerebro. La sangre se acumula en las extremidades inferiores (los pies se hinchan) y se puede llegar a perder la conciencia por falta del aporte de oxígeno al cerebro que el sistema circulatorio lleva con extrema dificultad. La nutrición del cerebro es esencial. Unos pocos minutos sin aporte de oxígeno generará unas lesiones que pueden ser incapacitantes de por vida o, incluso, provocar la muerte.
Hay una asana de yoga que contrarresta estos efectos y permite una supernutrición de nuestro principal órgano. Las personas que deben permanecer durante horas de pie lo encontrarán especialmente beneficioso y deberían de practicarlo a diario. Se trata de Sirshasana (la vela). No hay mejor ejercicio para abastecer al cerebro de sangre arterial fresca. Una precaución: deberán de abstenerse de realizar esta postura las personas con tensión arterial alta, ya que se produce un aumento de ésta durante el ejercicio. La práctica durante cinco o diez minutos de esta asana aumenta la memoria y la capacidad intelectual del practicante, así como un saludable efecto sobre el cuello, parte alta de la espalda, ojos y oídos. Activa el sexto chakra, ajna (tercer ojo), aumentando el poder extrasensorial y espiritual.
Al principio, realiza la postura con precaución.
Dobla una manta en dos y apoya los codos y antebrazos, albergando la parte alta del cráneo entre las manos entrelazadas. Ve recogiendo lentamente los pies hacia tí y da un pequeño impulso para elevar las piernas hacia la verticalidad. Hazlo en dos fases. En la primera, endereza el tonco y permanece con las piernas dobladas por las rodillas. Quizás, al principio debas contentarte con permanecer en esta postura hasta que ganes confianza y equilibrio. En la segunda fase, eleva las piernas hacia arriba, consiguiendo la completa verticalidad. También al principio, es bueno realizar esta asana cerca de una pared para evitar caídas. Equilíbrate y reduce paulatinamente las oscilaciones. Respira profunda y relajadamente. Concéntrate en ajna chakra, que es el eje de esta postura. Tras permanecer en ella el tiempo estipulado, deshaz la postura con lentitud. Al final, descansa un par de minutos arrodillado con la cabeza apoyada en el suelo y las manos en el suelo, adelantadas, estirando la espalda. Disfruta de los efectos de Sirshasana, no debe de faltar en tu rutina diaria.
