domingo, 21 de septiembre de 2008

ALIMENTA TU CEREBRO


Gran parte del éxito de nuestra especie se debe a la conquista de la bipedestación. Caminar erguido nos dio una visión de "altura", útil tanto para prevenir con la suficiente antelación los posibles peligros como para ser más eficaces en la depredación. Sin embargo, la postura erguida hace que el corazón deba realizar un esfuerzo extraordinario para regar las zonas superiores del cuerpo y para el retorno de la sangre de las extremidades inferiores. Por eso, resulta frecuente que, cuando se permanece de pie e inmóvil durante mucho tiempo, se corra el riesgo de sufrir un desvanecimiento por falta de riego sanguíneo al cerebro. La sangre se acumula en las extremidades inferiores (los pies se hinchan) y se puede llegar a perder la conciencia por falta del aporte de oxígeno al cerebro que el sistema circulatorio lleva con extrema dificultad. La nutrición del cerebro es esencial. Unos pocos minutos sin aporte de oxígeno generará unas lesiones que pueden ser incapacitantes de por vida o, incluso, provocar la muerte.

Hay una asana de yoga que contrarresta estos efectos y permite una supernutrición de nuestro principal órgano. Las personas que deben permanecer durante horas de pie lo encontrarán especialmente beneficioso y deberían de practicarlo a diario. Se trata de Sirshasana (la vela). No hay mejor ejercicio para abastecer al cerebro de sangre arterial fresca. Una precaución: deberán de abstenerse de realizar esta postura las personas con tensión arterial alta, ya que se produce un aumento de ésta durante el ejercicio. La práctica durante cinco o diez minutos de esta asana aumenta la memoria y la capacidad intelectual del practicante, así como un saludable efecto sobre el cuello, parte alta de la espalda, ojos y oídos. Activa el sexto chakra, ajna (tercer ojo), aumentando el poder extrasensorial y espiritual.

Al principio, realiza la postura con precaución.
Dobla una manta en dos y apoya los codos y antebrazos, albergando la parte alta del cráneo entre las manos entrelazadas. Ve recogiendo lentamente los pies hacia tí y da un pequeño impulso para elevar las piernas hacia la verticalidad. Hazlo en dos fases. En la primera, endereza el tonco y permanece con las piernas dobladas por las rodillas. Quizás, al principio debas contentarte con permanecer en esta postura hasta que ganes confianza y equilibrio. En la segunda fase, eleva las piernas hacia arriba, consiguiendo la completa verticalidad. También al principio, es bueno realizar esta asana cerca de una pared para evitar caídas. Equilíbrate y reduce paulatinamente las oscilaciones. Respira profunda y relajadamente. Concéntrate en ajna chakra, que es el eje de esta postura. Tras permanecer en ella el tiempo estipulado, deshaz la postura con lentitud. Al final, descansa un par de minutos arrodillado con la cabeza apoyada en el suelo y las manos en el suelo, adelantadas, estirando la espalda. Disfruta de los efectos de Sirshasana, no debe de faltar en tu rutina diaria.

domingo, 14 de septiembre de 2008

LIBRES DE CONDICIONAMIENTOS



Somos el producto de nuestros pensamientos. Somos también el producto de los pensamientos de los demás; de lo que han pensado de nosotros nuestros padres, familiares, profesores y amigos. A lo largo de los años, hemos ido asimilando esos pensamientos en nuestro subconsciente que, de forma verbal, nos han llegado . Los psicólogos dicen que las sugestiones de tipo calificativo hechas por los padres tienen un calado mucho mayor en los hijos que las meramente informativas. Así, la afirmación "eres más holgazán que tu hermana" tendrá una influencia en el futuro de un niño mucho mayor que la expresión " después de las comidas debes lavarte los dientes", aunque ambas se le repitan el mismo número de veces. Todas esas impresiones han grabado nuestro subconsciente y han forjado en él la imagen que tenemos de nosotros mismos. Esos esquemas mentales nos acompañarán toda la vida. Si nos paramos a pensar, descubriremos que la mayoría de esas impresiones son limitantes, cuando no sencillamente negativas. Así creemos fehacientemente que nuestras enfermedades son fenómenos en los que el organismo ha perdido la batalla, y del que ya nada se puede esperar. Un proceso en el que sólo se recobrará la salud por el concurso de agentes "externos": medicamentos y médicos. O, por ejemplo , que nuestra vejez será un periodo inevitable de decrepitud, enfermedad y dependencia. Porque es lo que hemos visto y lo que nos han dicho. Sin embargo, no somos conscientes de que el mismo mecanismo que nos ha encadenado, nos puede ahora liberar. Se trata ahora de reprogramar nuestro subconsciente, desarmando los antiguos esquemas, proporcionándole sugestiones positivas. Si, como hemos visto, somos lo que pensamos, cambiemos nuestro pensamiento para cambiar lo que somos. Repite cada día afirmaciones de este tipo:
· Yo soy el capitán de mi alma.
· Yo puedo conseguir cualquier cosa que me proponga.
· Yo domino todas mis ondas mentales.
· Yo soy omnisciente, yo soy omnipresente, yo soy omnipotente.
· Yo soy pura conciencia.
· En mi no existen la enfermedad, la vejez ni la decrepitud; son ondas mentales negativas que puedo dominar.
Estas afirmaciones se pueden modificar según las necesidades particulares de cada uno. Haz examen de conciencia y busca tus condicionamientos. Construye tus afirmaciones y reprograma tu subconsciente. Serás libre.

lunes, 1 de septiembre de 2008

UN LUGAR ESPECIAL

A veces, un lugar nos regala parte de su encanto. Y ese regalo se convierte en un don del que ya no quieres prescindir. Del que ya no quieres escapar. Al que siempre añoras volver. Encuentras un templo sagrado entre la impersonalidad de las ciudades. Lejos de su vorágine y de su ruido. Una isla de paz donde el tiempo pasa despacio; tanto, que aún se puede tocar el pasado. Donde presente y pasado se dan la mano. Un lugar donde la naturaleza decora los lienzos de tu entorno y te envuelve en maternal abrazo. Cuando un lugar así llega a tu vida, no lo dejes escapar. Busca tu refugio en él y piérdete en su silencio con la frecuencia que tus obligaciones te permitan.
Yo encontré mi lugar especial hace muchos años, aunque no hace tanto que lo consagré como mi lugar de retiro. A él acudo siempre que tengo ocasión. En él, mi práctica de yoga fluye y mis energías se renuevan. Todos los grandes maestros han aprovechado los espacios naturales para sus prácticas y enseñanzas. En ellos han encontrado el silencio y la presencia de energías naturales que han acelerado e incrementado su proceso evolutivo. Los cursos de agua son especialmente irteresantes en este sentido por la concentración de iones negativos que generan. Si tu práctica se estanca, busca tu lugar especial junto a la naturaleza. Sus energías están para servirte. Sirven, de hecho, a todas las criaturas, que toman de ellas cuanto necesitan. Hubo un tiempo en que el hombre convivía estrechamente con su entorno natural y en el que manejaba una serie de habilidades, como el conocimiento intuitivo, que hoy se ha perdido. El alejamiento y menosprecio del hombre hacia la naturaleza y sus energías, han propiciado el cambio, creyendo que la razón, la ciencia y la tecnología le proporcionarían el conocimiento absoluto. Sin embargo, sólo una parte infinitesimal de la realidad puede ser torpemente explicada por la ciencia moderna. De modo que, vive inmerso en la naturaleza si quieres dejarte influir por sus benéficos efectos y fundirte en el océano de la conciencia suprema.




Con las primeras luces del día, sal y practica pranayama al aire libre. Busca un lugar tranquilo, orientado hacia el naciente. Se convertirá en una práctica única, donde tus depósitos de energía se verán colmados. Largos paseos por el bosque o el monte te reconciliarán con la vida y abrirán tus sentidos a una nueva dimensión. La práctica de asanas en estos espacios se ve favorecida, ya que todo invita a la concentración y al recogimiento. Serás una forma natural más, en pura simbiosis con tu entorno. Al llegar la noche, una bóveda de límpido cielo estrellado albergará tus prácticas de meditación y el silencio se adueñará de ti, fundiéndote en él. Sólo anahata nadam, OM, resonará en tus oidos.
Cuando el lunes vuelvas a tu trabajo y a la vorágine cotidiana, tú ya estarás preparado para cualquier contingencia. Muchos habrán pagado verdaderas fortunas por tratamientos antiestrés cuyos efectos desaparecen el lunes a las 7:30 de la mañana. Tú, sin embargo, no habrás tenido que pagarle nada a la naturaleza por haberte servido de sus energías. Sus efectos te acompañarán allá donde vayas. Para siempre.