
La mente es más poderosa que el cuerpo. Sin embargo, normalmente es el cuerpo quien establece su autoridad sobre la mente, doblegándola y convirtiéndola en simple vasalla de sus caprichos. Si prestas oídos a tus sentidos y a las peticiones de tu carne, siempre serás esclavo de ellas. Anularás por completo tu fuerza interior, aquella que te hace superar cualquier obstáculo. A fuerza de ceder terreno a sus requerimientos, llegará un día en que te será por completo imposible superar cualquier dificultad que suponga el más mínimo incomodo a tu ser material. Te convertirás en un ser sin fuerza, a merced de los elementos, condicionado hasta el extremo. Habrás perdido tu libertad. La omisión del ejercicio de fortaleza mental ante las dificultades ejerce una sutil sugestión negativa en tu subconsciente. Si cada día debilitas un poco más tu fortaleza mental concediendo todo lo que tu cuerpo te reclama, ¿cómo vas a pedirle otra cosa distinta mañana, cuando vengan mal dadas? Simplemente, serás incapaz.
Una mente fuerte es sinónimo de libertad. Una mente débil sólo implica esclavitud. Escucha y analiza con atención las señales que tu cuerpo envía, pero no acudas a sus cantos de sirena. Olvídate de tu cuerpo y éste dejará de ser un problema para ti. Cada oportunidad de ser más fuerte que desaproveches, será una oportunidad ganada para la debilidad.
Mira aquel gorrión sobre el tendido eléctrico. Está a la intemperie. Aguanta la lluvia y el frío. Lo encontrarás en el mismo lugar cuando la canícula del verano sea asfixiante. Nunca emigra, nunca abandona. Algo superior le impulsa a permanecer alerta, en su puesto; quizás una prole a la que mantener. Dios no lo dotó de la fuerza de voluntad que dimana de tu mente. Sin embargo, tú que tienes esa facultad ¿por qué te escondes de la lluvia?
Una mente fuerte es sinónimo de libertad. Una mente débil sólo implica esclavitud. Escucha y analiza con atención las señales que tu cuerpo envía, pero no acudas a sus cantos de sirena. Olvídate de tu cuerpo y éste dejará de ser un problema para ti. Cada oportunidad de ser más fuerte que desaproveches, será una oportunidad ganada para la debilidad.
Mira aquel gorrión sobre el tendido eléctrico. Está a la intemperie. Aguanta la lluvia y el frío. Lo encontrarás en el mismo lugar cuando la canícula del verano sea asfixiante. Nunca emigra, nunca abandona. Algo superior le impulsa a permanecer alerta, en su puesto; quizás una prole a la que mantener. Dios no lo dotó de la fuerza de voluntad que dimana de tu mente. Sin embargo, tú que tienes esa facultad ¿por qué te escondes de la lluvia?