viernes, 26 de diciembre de 2008

CUANDO TÚ VENGAS

Tu fulgor extinguirá mi llama. Cuando Tú vengas.

No sabré qué decir, ni cómo recibirte, qué vestidos ponerme.
Te esperaré sentado en mi humilde morada. Adornaré con guirnaldas mi pobre estancia.
Lavaré mi rostro y peinaré mis cabellos. Cuando Tú vengas.

Fuera, el sol se esconde. Ha cesado el canto del cuco y los aldeanos vuelven. La brisa de la primavera acaricia mi rostro y mi mirada se pierde en el rojizo ocaso. Espero una visita que nunca llega. Estoy preparado, mas nadie llama a mi puerta. Llegará el alba y me hallará despierto. Cuando Tú vengas.

Qué hacer, Señor, para agradarte. Cómo indicarte el camino de mi hogar. Quemaré incienso, alfombraré el suelo, prepararé el fuego, te ofreceré flores y frutos. Guardaré vigilia, estaré alerta. Mas, si cuando llegues, me vence el sueño, perdóname, Señor. Tu gracia despertará a este cuerpo de hombre. Cuando Tú vengas.

martes, 23 de diciembre de 2008

CUENTO DE NAVIDAD


Te anduve buscando por toda la ciudad. Ascendí a las más altas torres, pero no Te encontré allí, donde casi se puede acariciar el cielo. Me perdí entre las luces de la Navidad, mas no percibí en ellas Tu fulgor. Me sumergí en el frenético mar de la gente que buscaba bullicio y diversión. Tampoco Te hallé. ¿Dónde te escondes? ¿Para quién eres accesible?
Abandoné cansado las calles principales y el ruido y la algarabía comenzaron a parecerme lejanos. En una sucia callejuela, casi sin luz, un mendigo rebuscaba en los contenedores. Tropecé, sin darme cuenta, con varias latas tiradas. ¿Cómo encontrar Tu grandeza entre tanta miseria? Seguí caminando, casi sin esperanza.
Pasé frente a una vieja iglesia que tenía entreabierta una puerta lateral. De ella salió alguien. Sudoroso, sofocado, se afanaba cargando unas pesadas bolsas. Aun siendo diciembre, vestía en camisa, remangado y con los faldones fuera. Estaba empapado en sudor. Cargaba el maletero de un desvencijado coche con esas bolsas. Iba y venía apresuradamente. Sin pensarlo, me quedé parado frente a la escena. Percatándose, él me miró y me preguntó si disponía de tiempo y ganas de hacerle un favor. Era el párroco de esa iglesia y repartía comida a los necesitados de la parroquia. -"No... yo... estoy buscando algo..."-. Bajé la cabeza y continué mi camino. Oí cómo me felicitaba la Navidad y prosiguió con su tarea. ¿No debería estar preparando los oficios, vestido como un sacerdote? Decididamente, hoy no Te he de encontrar, vaya donde vaya.
Ya estaba cerca de mi casa, derrotado y confundido. Pensaba dónde encontrarte. Dónde alcanzar algo de Tu gracia, dónde alabar Tu grandeza. Ensimismado en mis pensamientos, los chillidos de unos niños me devolvieron a la realidad. Corrían uno tras otro y reían ruidosamente. Cruzaron por delante mía, tan ajustados, que casi me hicieron tropezar. Les increpé por su conducta. ¿Dónde estarían sus padres? Los dos pararon y se volvieron hacia mí. -"Señor, ¿quiere que le cantemos un villancico?, si lo hacemos bien, nos podría dar algo de aguinaldo. Vamos, señor, es Navidad. ¿No lo sabe?"-. Les di la espalda con cajas destempladas. No estaba pensando precisamente en asistir a un concierto callejero ofrecido por dos pillos a cambio de "algo de aguinaldo".
Por fin llegué a mi morada. Acondicioné mi lugar de meditación y me dispuse a preparar mi encuentro contigo. Ahora sabía que no podría fallar. Me adentré en mi interior, como otras veces, invoqué Tu nombre, como siempre. Aguardé en silencio Tu repuesta, como cada noche. Repetí Tu nombre. ¿Es posible que no me oigas? Soy ajeno a toda esa gente que sólo piensa en llenar la tripa y emborracharse. Yo te busco cada noche aquí, sentado, en actitud reverente. Soy Tu fiel servidor. Tu más destacado valedor en este mundo. En mí puedes confiar, Señor. Puedes revelarte, en este momento, ahora...en este momento...estoy preparado...ven a mí...
Una potente luz iluminó toda la estancia y una voz que parecía nacer de mi interior me habló con voz dulce.
-"No me hallaste, porque no podías verme. Por tres veces me presenté en tu camino y por tres veces me rechazaste. Me rechazaste tanto como a aquellos a los que tratabas de evitar. A todos aquellos que representaban para ti el materialismo mundano y decadente. No me hallaste ni en el bullicio ni en la calma, ni en el exceso ni en la necesidad. Sin embargo, Yo estaba en todas partes y cuando reclamé tu atención no te dignaste a mirarme. ¿Dónde pensabas encontrarme? Sal de tu trance, amado mío, y únete a la fatiga diaria de los hombres comunes. A sus sueños y a sus decepciones. A sus grandezas y a sus miserias. Mancha tus ropas con el polvo del camino y el sudor del trabajo. Y cuando, exhausto, alguien te pregunte por Mi, sonríe y responde que Yo estoy en Ti, más que nunca. Anda, levántate y cambia el mundo, que ya llega el día."-
Abrí lentamente los ojos. No estaba sentado en actitud meditativa, sino tumbado sobre el suelo. Me había dormido. Todo había sido un sueño. Pero aquella voz...parecía tan real...

FELIZ NAVIDAD


jueves, 4 de diciembre de 2008

YOGA vs CULTURA FÍSICA

En los últimos años, la cultura física, ligada al desarrollo de la sociedad del bienestar, se ha expandido por todo Occidente. Del mismo modo, el Yoga, presentado como actividad saludable, se extiende por polideportivos y centros culturales. Nada de malo en ello. Al contrario, dicha circunstancia favorece la labor de divulgación de esta ciencia ancestral que, sin duda, en algo beneficiará a las castigadas articulaciones y los crispados nervios de sus practicantes. Pero si alguien llega al Yoga para practicar un tipo extravagante de cultura física, se equivoca. Al menos, en una buena parte. Y se equivoca aún más si lo que pretende es adelgazar. Por lo general, lo que llega a estos centros occidentales es una versión desnaturalizada del Hatha Yoga. Clases en las que que lo que se enseña es la práctica de asanas y algo de relajación al final. Eso tampoco es malo. Pero, indefectiblemente, el practicante fallará en su propósito de adelgazar y perderá el interés a los pocos meses.

Si alguien me pregunta si el Yoga adelgaza le contestaría que sí. No es una meta, pero sí una consecuencia inherente a su práctica. Y no se debe sólo a la predisposición de sus practicantes a llevar una dieta más sana. El Yoga es un sistema completo basado en ocho pasos o senderos. Es el Raja Yoga, el camino real del óctuple sendero o Ashtanga Yoga basado en los Yoga Sutras de Patanjali. Estas ocho prácticas, fases o estadíos conforman un sistema completo de realización personal que tiene como último y único fin el encuentro y la identificación con la divinidad. De hecho, el Hatha Yoga busca lo mismo e incorpora casi las mismas prácticas que el Raja Yoga, incluidas las esenciales prácticas meditativas y no debe identificarse únicamente con la práctica de asanas. Por tanto, la sola práctica de asanas, aunque esencial, no es Yoga. Con el seguimiento del óctuple sendero (Yama, Niyama, Asana, Pranayama, Pratyahara, Dharana, Dhyana y Samadhi) se alcanzan, paralelamente al crecimiento interior, innumerables mejoras físicas. Asana es la responsable de muchas de ellas, dando flexibilidad a nuestras articulaciones y especialmente a nuestra columna, pero también activando nuestros centros energéticos o chakras, que se utilizarán en el resto de prácticas. Su cultivo nos devuelve un cuerpo armonioso, flexible y resistente a los elementos. La práctica de Pranayama tiene un efecto adelgazante en sí mismo porque disminuye la necesidad de aporte energético al organismo por medio de la comida. Cuando el yogui adquiere un alto grado de desarrollo espiritual, su chakra manipura está lleno de energía. El seguimiento de los preceptos de Yama y Niyama, especialmente Brahmacarya (control sensual, en su aspecto más amplio), Tapas (ascetismo) y Samtosa (contentamiento) tiene como consecuencia la moderación del apetito. Tampoco se puede negar que, cuando se sigue la senda del Yoga en todas sus consecuencias, se adopta un estilo de vida más saludable, favoreciendo la alimentación sáttvica (vegetarianismo) frente a otras más perjudicales (tamásica o rajásica). Como consecuencia del conjunto de prácticas, observancias y abstenciones el yogui suele aparecer con un cuerpo esbelto y delgado, indicativo de su desarrollo espiritual en contraposición al cuerpo esbelto obtenido por la cultura física.