
En el ser material todo es cambiante, efímero e inconsistente. Lo que hoy es bello y exultante de vida, mañana puede estar muerto y ajado. Sólo el Ser verdadero es eterno y no está afectado por las contingencias del plano material. ¿Qué soy yo y qué lugar ocupo dentro de este mundo? ¿Qué importancia tienen mis circunstancias, logros o penalidades por las que atravieso en este mundo?
Damos mucha importancia a todo lo que nos acontece en nuestra vida. Cuando interaccionamos con nuestro mundo, siempre planteamos expectativas. Ley de acción y reacción. Si la reacción a nuestra acción no es la esperada, eso nos genera amargura y desolación. Los reveses de la vida nos afectan profundamente. Pero, ¿a quién afectan realmente? ¿Es nuestro Ser verdadero el que se ve afectado o es, por el contrario, nuestro ego, apegado al plano físico y atento a todo lo que lo nutre o lo desaira? La verdad es que nada serio está ocurriendo. Somos bailarines de un danza cósmica en la que ni siquiera hemos elegido la música. Todos venimos con arreglos khármicos a nuestras vidas. Una serie de sucesos, pruebas, encuentros y desencuentros que se cruzan en nuestro camino, con el fin de nuestro progreso espiritual. Todo depende de cómo manejemos estos arreglos khármicos, para que este progreso se produzca en el momento y con el tempo adecuados.
Pero es difícil imaginarse que nada serio ocurre cuando se producen situacíones verdaderamente dramáticas en el plano físico. Por ejemplo, si yo ahora perdiera la vida, a buen seguro que se produciría una reacción de profunda tristeza y desolación en mi familia, en mis amigos y, quizá, en algún conocido o compañero. En realidad, toda esta amargura sería como la onda que provoca una piedrecita que cae al agua en calma. Una perturbación que es más intensa en el origen de la misma, pero que pierde fuerza con la distancia y que, con el paso del tiempo, llega a desaparecer, incluso allí donde se originó. Todas las desgracias de los humanos crearán perturbaciones similares, en mayor o menor grado, en ese océano que es el Eterno. Sin embargo, cada ola llegará a la orilla y continuarán los flujos y reflujos de las mareas, porque obedecen a un orden superior, a unas leyes invariables y eternas. ¿Acaso provocan esas pequeñas ondas de la superficie del océano la más mínima peturbación en el orden establecido? No, ni siquiera los sucesos más dolorosos. Todos estos hechos ocurren ya sea porque tenemos algo que aprender de ellos o porque es lo establecido para nuestro desarrollo espiritual. Del modo en que los resolvamos derivará el que éste se produzca o no.
Es muy difícil llegar a este nivel de desapego. El camino es largo y, a buen seguro, a todos se nos ofrecerá un buen número de pruebas. Aun con las dificultades más livianas, aprende a tomar distancia y a observar los problemas como espectador. Eso eliminará las respuestas viscerales, originadas por las emociones. Después, aplica el discernimiento para entender el porqué de la prueba y cuál debe ser la acción ecuánime, desapegada y óptima. Actúa con serenidad, entendiendo el mundo como un gran teatro y alimenta el Ser con tus buenas y rectas acciones.

