viernes, 5 de febrero de 2010

DEJA FLUIR LA DANZA CÓSMICA


Cuando buscamos incesantemente la dimensión espiritual en todos los aspectos de nuestra vida, en todas las formas materiales que nos rodean; cuando estamos constantemente mirando hacia nuestro Ser interior y, por fin, reconocemos a la Divinidad en nosotros y en todo el mundo manifestado; en ese momento se disuelve la concepción dual de nuestro mundo y logramos la unidad con el Ser. Antes de eso, habremos de haber entregado nuestro ego y haber dejado partir lo que realmente no somos: todo lo que nos perturba, muta constantemente y aparta de nuestro Ser.


Nada ocurre por casualidad. No existe la buena o mala suerte. A cada uno de nosotros se nos entregan los elementos necesarios para evolucionar. Son las circunstancias de nuestra vida. Todo ello es manifestación de la Gracia. Cuando comprendamos que la Gracia Divina nos trae tanto las cosas placenteras como las amargas y que todo, en su conjunto, llega a nosotros como herramientas necesarias para nuestro proceso evolutivo, habremos ganado mucho en la comprensión de esta danza cósmica que es nuestra vida.


Ve la vida como un teatro en el que tú eres el actor. Cada nacimiento es una función en la que se te entrega un papel que interpretar. Nada de lo que sucede es realmente importante. Puede ser muy doloroso desde el punto de vista humano. Pero no es importante. Porque tú no eres ése que sufre, o el ser dominado por bajas pasiones o, por el contrario, agraciado por la opulencia material. Tú no eres tú ni tu circunstancia. Tú eres lo que queda cuando dejas partir el ego, tu sentimiento de separación del universo, de ser individual y distinto. Tú eres el Ser. Y el Ser es invariable y eterno y no se ve afectado por los avatares de la vida. Cuando por fin estás centrado en el Ser, nada te afecta.


La Divinidad lo dirige todo y, en esa comprensión en la que aceptamos que es el Ser Divino el que decide, actúa, vive y tiene esas experiencias de nuestra vida, cuando somos capaces de estar relativamente calmados y centrados en el Ser en medio de la vorágine de nuestra vida.


Cuando comprendes eso, simplemente dejas fluir la vida. Permites que ésta se desarrolle sin oponer resistencia. Una comprensión de los acontecimientos llega a tu consciencia y tus pasos y decisiones en la vida se caracterizan por la simplicidad, la obviedad, la naturalidad y la espontaneidad. Un conocimiento intuitivo llega a ti y la decisión se torna fácil en el momento adecuado, como si una voz interior dirigiera tu vida. Ante acontecimientos difíciles, simplemente mira hacia tu interior, pero ten el coraje de afrontar la situación tal como es y de estar dispuesto a presenciarla hasta el final. Si tu entrega al Ser es total, en el momento adecuado llegará la luz.