jueves, 9 de septiembre de 2010

FELICIDAD SIN CAUSA


Tu meta debe ser mantener una inmutable disposición de ánimo, ser puro y gentil, y estar feliz en todas las circunstancias. Es tu meta aferrarte a la rectitud y vivir en buena voluntad. Debes desrrollar gentileza, humildad, coraje, cortesía, tolerancia y un corazón que perdona y un amor cósmico. La indicación infalible de que un hombre se ha conquistado a sí mismo es una ininterrumpida dulzura de conducta. Éste es el signo de la sabiduría. Ésta es la prueba práctica de la posesión de la verdad. Éste debe ser tu ideal.

(De La llave maestra de Babaji para todos los males).


La meta de todo ser humano es la felicidad pero, a menudo, el hombre basa su consecución en ver colmadas sus aspiraciones, deseos y apetencias del mundo de los sentidos. Esta felicidad es efímera y crea más insatisfacción, frustración y estados de ánimo depresivos cuando, una vez colmadas las apetencias, nuestra naturaleza nos impele a buscar otras satisfacciones que, circunstancialmente, no llegan. En otros casos, la vida nos depara momentos amargos, pérdidas y circunstancias dolorosas. Estamos siendo probados. La Divinidad trae a nosotros esas experiencias para que las resolvamos correctamente y limpiemos las impurezas de nuestra mente (moksha). Son manifestaciones de la Gracia divina para alcanzar nuestra liberación. ¿No te has fijado que determinadas circunstancias de la vida que no han sido resueltas satisfactoriamente en el pasado, se vuelven a presentar en el futuro? El karma no ha sido gastado y se te da una nueva oportunidad para hacer lo correcto (dharma). Porque la Gracia no sólo desciende a través de circunstancias placenteras. Nos trae lo que en cada momento nuestro Ser necesita para su liberación.


En cualquier caso, somos lo que pensamos. Y no atraemos hacia nosotros nuestras apetencias y deseos, por mucho que pidamos o recemos, sino que las circunstancias de nuestro entorno se moldean conforme a nuestros pensamientos y nuestras acciones. Nos rebelamos constantemente insatisfechos contra las circunstancias externas. Pero, a la vez, estamos nutriendo internamente la causa de esas circunstancias dentro de nuestro corazón al no alinear nuestros pensamientos y acciones con nuestros deseos. Mejoraos a vosotros mismos y las circunstancias no podrán sino mejorarse a sí mismas.


Rechaza desde ahora mismo cada pensamiento amargo, negativo, engañoso e indolente. Destierra pensamientos impuros, retorcidos y cobardes. A cambio, bombardea constantemente tu mente con pensamientos amables, positivos, esperanzados, elevados y divinos. Rechaza también cualquier preocupación por cómo se resolverán tus cosas en este mundo y deja que de eso se ocupe la Divinidad. Tu cara debe brillar y el destello de tu mirada debe alumbrar con una imperturbable sonrisa tu caminar por el mundo.