Huye del mundo y se refugia en lo más recóndito del bosque. Allá donde el alma se funde con la naturaleza en perfecta sintonía. No espera nada de los hombres, él ya lo ha entregado todo. Atrás dejó comodidades, bienes y seres queridos y se entrega solo a su rutina diaria, a su miseria y a su gloria. Engalana su cueva con aquello que la naturaleza le presta y se lo ofrece todo a Dios. Reza. Nada le perturba. Sólo los ruidos de la naturaleza acompasan la levedad de su respiración, dejando que su mente se funda con la Divinidad. Se sutenta con aquello a lo que sus manos alcanzan. Nadie le molesta. Se entrega con devocióna a su práctica sin que nada le pueda distraer. Su consciencia se eleva sobre la realidad mundana sin que nada lo perturbe. Ahora, practicar mauna es fácil, sin nadie a quien hablar. Aquí Ahimsa cobra todo su sentido y la violencia queda lejos, allá de donde partió.
Qué decisión más difícil, marchar y dejarlo todo. Pero cúan fácil resulta todo a partir de entonces. Se pierde un hombre para la civilización y el mundo espiritual incorpora un sabio liberado. Qué difícil seguir el camino de la realización sin abandonar este mundo. Sin decir no a tus obligaciones. Sacando adelante una familia. Hostigado por el trabajo o por la falta de él, las prisas y la vorágine del mundo. Encarando la hostilidad día a día. Seguir cuando el cansancio te doblega pero tu espíritu te impulsa a continuar tu práctica.
Contando con la incomprensión de todos y con la aparente ayuda de nadie, llegará un día en que tu naturaleza cambie. Es entonces cuando podrás transformar tu realidad, llevando luz allá donde vayas. Un aura de amor te envolverá e irradiará a todos en benéfico abrazo. Eso es lo que Babaji quiere, hombres y mujeres de familia que transformen el mundo.