¿Qué fin persigo? ¿Qué me distingue del común de los mortales sino un cuerpo cansado tras largas horas de vigilia? ¿Y qué si no hay nada? ¿Qué he obtenido tras mi caminar por el desierto? ¿Quién me espera? ¿A quién sirvo?
Mi camino serpentea por desconocidos horizontes. Siempre oscuros. Siempre vacíos. Siempre agotadores. El mismo cansancio que se repite día tras día, sesión tras sesión. Vacío tras vacío. A quién acudir cuando no encuentras nada. Cuando la búsqueda retorna siempre al punto de partida. Perdidas las referencias, ¿en qué punto me encuentro? Mi camino serpentea y ya no sé por qué derroteros me lleva . Busco una luz que no vislumbro. Noches de oscuridad, de luna nueva. ¿Hay entre los hombres alguno que me pueda indicar dónde está la fuente inagotable, dónde el alfa y el omega, dónde el fulgor que todo ilumina?
Nace un nuevo día y con agotada voz vuelvo a pronunciar ¿dónde estás Babaji? Dónde estoy.

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