miércoles, 12 de diciembre de 2012
DERRIBANDO MUROS
Cada vez que edificamos un muro a nuestro alrededor, perdemos la oportunidad de explorar el mundo que nos rodea. Cada vez que ascendemos dentro de nuestra torre inexpugnable, dejamos de compartir el suelo que nos sostiene a todos. Cada vez que nos parapetamos tras nuestro baluarte, sólo alcanzamos a ver al enemigo enfrente. Cada puerta, cada valla, cada cerrojo que nos aíslan de los demás no hacen más que alejarnos de nosotros mismos, de lo que realmente somos y de endurecer nuestro corazón. Cuando nos afirmamos en nuestro círculo, en nuestras señas de identidad, en nuestros principios, rechazamos los círculos, las señas de identidad y los principios del resto. Estamos sembrando la semilla de la diferenciación. Si no luchamos cada día por que prevalezcan en nosotros los pensamientos y acciones elevados e integradores, estaremos, sin darnos apenas cuenta, poniendo ladrillos en nuestro muro. Así actúa nuestra naturaleza. Si no mantenemos constentemente una visión trascendente sobre nuestras vidas y no mantenemos una atención permanente sobre la discriminación y demolición de las cárceles que a lo largo de los años hemos creado en torno nuestro, perderemos irremediablemente el camino del progreso espiritual y contribuiremos a la construcción de un mundo un poco más insolidario, más incómodo, más injusto y menos humano. Aliniémonos con los valores positivos y los pensamientos elevados e integradores sin que ello signifique que nos posicionemos en contra de todo aquello que despreciemos. Dejemos de estar en contra de todo, incluso de lo que nos repugna y trabajemos por sus contravalores positivos. Cuanto más progresamos, vivimos con una sensibilidad especial la injusticia, la maldad, la violencia y la perversión, pero nuestro trabajo vital no es posicionarnos en contra de todo lo que nos causa aversión sino más bien procurar que en todas nuestras cosas impere la justicia, la bondad, la paz y la virtud. Del resto se ocupará la Divinidad.
Nunca iría a una manifestación contra la guerra, sino a una manifestación a favor de la Paz.
Madre Teresa de Calcuta.
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