
Somos el producto de nuestros pensamientos. Somos también el producto de los pensamientos de los demás; de lo que han pensado de nosotros nuestros padres, familiares, profesores y amigos. A lo largo de los años, hemos ido asimilando esos pensamientos en nuestro subconsciente que, de forma verbal, nos han llegado . Los psicólogos dicen que las sugestiones de tipo calificativo hechas por los padres tienen un calado mucho mayor en los hijos que las meramente informativas. Así, la afirmación "eres más holgazán que tu hermana" tendrá una influencia en el futuro de un niño mucho mayor que la expresión " después de las comidas debes lavarte los dientes", aunque ambas se le repitan el mismo número de veces. Todas esas impresiones han grabado nuestro subconsciente y han forjado en él la imagen que tenemos de nosotros mismos. Esos esquemas mentales nos acompañarán toda la vida. Si nos paramos a pensar, descubriremos que la mayoría de esas impresiones son limitantes, cuando no sencillamente negativas. Así creemos fehacientemente que nuestras enfermedades son fenómenos en los que el organismo ha perdido la batalla, y del que ya nada se puede esperar. Un proceso en el que sólo se recobrará la salud por el concurso de agentes "externos": medicamentos y médicos. O, por ejemplo , que nuestra vejez será un periodo inevitable de decrepitud, enfermedad y dependencia. Porque es lo que hemos visto y lo que nos han dicho. Sin embargo, no somos conscientes de que el mismo mecanismo que nos ha encadenado, nos puede ahora liberar. Se trata ahora de reprogramar nuestro subconsciente, desarmando los antiguos esquemas, proporcionándole sugestiones positivas. Si, como hemos visto, somos lo que pensamos, cambiemos nuestro pensamiento para cambiar lo que somos. Repite cada día afirmaciones de este tipo:
· Yo soy el capitán de mi alma.
· Yo puedo conseguir cualquier cosa que me proponga.
· Yo domino todas mis ondas mentales.
· Yo soy omnisciente, yo soy omnipresente, yo soy omnipotente.
· Yo soy pura conciencia.
· En mi no existen la enfermedad, la vejez ni la decrepitud; son ondas mentales negativas que puedo dominar.
Estas afirmaciones se pueden modificar según las necesidades particulares de cada uno. Haz examen de conciencia y busca tus condicionamientos. Construye tus afirmaciones y reprograma tu subconsciente. Serás libre.
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